
La tendencia que analizaremos en este post es sobre el consumo de alimentos y bebidas que prometen “proteger” al cuerpo de los consumidores de los males de este mundo, como así también analizaremos el consumo de bebidas y alimentos líquidos que aseguran ser la fuente de energía para los pequeños y grandes logros de la vida.
En nuestros días, la salud ya no es concebida como el estado correcto y deseado del cuerpo y el espíritu, es decir, una condición física y psíquica que permite satisfacer las exigencias del rol que la sociedad dispone y asigna; estar “sano” significaba en la mayoría de los casos, ser empleable. Lo que sucede es que a la objetividad que medía lo saludable se la confunde con la idea subjetiva del “estar en forma”, que no implica solamente el hecho de ser útil y empleable, sino que también exige estar preparado para absorber lo inusual, preparado para correr riesgos, los riesgos de vivir.
Hay en el mercado alimenticio una amplia gama de productos cuya principal estrategia de venta es aludir a la ciencia y tecnología que dicho producto implica, los más conocidos y exitosos pertenecen a la industria de los lácteos, cereales y bebidas de refresco o gaseosas.
Estos productos presentan, desde lo comunicacional, un discurso de que su consumo no sólo es beneficioso para la salud; es casi indispensable para enfrentar el día a día, son una reserva obligatoria de energía que provee el avance indiscutible de la ciencia y la tecnología. En sus publicidades siempre buscan relacionar al cuerpo humano con el funcionamiento de una máquina que es abastecida con el combustible que supone dicho producto, esto, en la mayoría de los casos, es graficado a partir de una estética como de película de ciencia ficción, en 3 dimensiones, gráficos de barra, comentarios de médicos especializados. También es frecuente la aparición de grandes celebridades del deporte, quienes atribuyen sus logros al consumo de ciertas bebidas o barras de cereales. Sus plataformas publicitarias se sostienen de valores como la inmunidad, la fortaleza, el esfuerzo, la autorealización, la victoria, la pureza y el gozo.


Otro punto importante a tener en cuenta es el diseño de sus packagings, ya que es el último canal con el que cuenta la marca para “comunicarse” con el consumidor antes de que éste haga uso del producto. Son envases que cuidan mucho el diseño morfológico, curvos, ergonómicos, de apertura accesible y segura. Que a su vez son diseñados desde la gráfica con una estética moderna, racional, tecnológica; en donde lo principal es nombrar e identificar al producto con la marca, y donde también se suelen aprovechar espacios para contar beneficios y atributos tales como: “rehidrata”, “purifica”, “natural”, “sin colesterol” o “reducido en calorías”.
Sus consumidores son personas que día a día apuestan a mejorar y a potenciar su calidad de vida, creyendo en el relato que construyen dichas marcas y confiando en todas las pruebas que avalan los beneficios de los productos.

Post grupal: Virginia Aloe - Fernando Pruzzo
